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Caso Del Castillo: “Una oposición férrea no legitima la inobservancia de cauces legales”. Fallos completos

Con el padrinazgo de Jorge Sobisch, Mauro Del Castillo se convirtió en el primer intendente de Villa Pehuenia. Cultor, a escala, del mismo estilo, no tardó en tropezar con la justicia: compró una serie de vehículos sin licitación y lo condenaron por incumplimiento de los deberes de funcionario público.

Todavía sigue en el cargo aunque los hechos ocurrieron en 2005 ya que la sentencia no está firme y se mantiene sobre él la presunción de inocencia.

Un repaso por los fallos adversos que viene coleccionando permiten conocer de qué manera ejercía (y quizá aún ejerce) el poder Del Castillo, recientemente salpicado por otro escándalo relacionado con tierras.

Hoy el Tribunal Superior de Justicia le rechazó el recurso de casación con una resolución que contiene interesantes párrafos.

Es sabido que algunos políticos que no consiguen acompañamiento para tomar ciertas decisiones se acuerdan de pronto de las necesidades del pueblo y las utilizan como ariete para derrumbar oposiciones o justificar sus acciones.

En este caso, Del Castillo quería comprar en forma directa un camión recolector de residuos pero el Concejo Municipal no le prestaba aval porque correspondía llamar a una licitación.

Según el acta 25, del 19 de julio de 2005, Del Castillo los apuró:  “…quiero que sepan que si el tema no se resuelve hoy, mañana le voy a pedir el dictamen al abogado y si ese dictamen es favorable yo voy a comprar el camión […] Yo voy a pedir el dictamen correspondiente al abogado si él me sugiere que se puede hacer la compra mañana o el viernes, después ustedes tendrán que explicar a la localidad porqué no toman las decisiones […] este tema no puede seguir así y si la justicia y el asesoramiento legal me habilitan voy a tomar la decisión de comprar un camión si ustedes no lo aprueban”.

Todo un ejemplo de ejecutividad.

Pero el detalle que descubrió la justicia es que para cuando se realizó la reunión que refleja ese acta, Del Castillo ya había firmado la autorización de la compra directa del camión en cuestión.

Dice el fallo del TSJ que pueden descargar completo más abajo: “En un sistema democrático la oposición puede ser férrea e inclusive molesta en el marco de su labor de control, pero ello no legitima en absoluto la inobservancia de los cauces legales para el ejercicio de la función o la utilización abusiva de las facultades de gobierno”.

DEL CASTILLO CASACIÓN

DEL CASTILLO MAURO CORRECCIONAL

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  1. Clemar González
    3 noviembre 2010 22:41 en 22:41

    Ser político, desde el vamos (y para todos los que quedamos subordinados debajo de ellos y recibiendo el cacareo de una sociedad gallinera) es una raza aparte en nuestras sociedades. Una raza que nos convierte en xenófobos selectivos (si estamos cerca, arrastradamente los adulamos; y si estamos lejos, nada alcanza para odiarlos). Entre ellos disfrutan de los fuegos artificiales cruzados para acusarse, convocarse a los estrados judiciales y talar y talar árboles para imprimir e imprimir diarios. Lo cierto es que, cuando se judicializan las cosas de los gobiernos, ya no importa tanto la estirpe política, sino que las marcas y señales imperantes son otras: ¿pasó por la Facultad de Derecho? ¿qué abogados tiene? …y, recién ahí, el viejo adagio de que los bomberos no se pisan la manguera adquiere rigor. Por más sentencias que se dicten, los abogados y los jueces vienen de la misma parroquia: la facultad de derecho. Son otra raza. Se salvan unos pocos que cada día huyen más precipitadamente una vez reunidos los requisitos para jubilarse. Faltan por lo menos dos decenios para que se limpie esta justicia sucia de la provincia de Neuquén (encima, contaminada de abogaduchitos que entraron fácil, en el gobierno anterior, que no saben mucho, que únicamente aprenden las mañas y que tienen tan poco vuelo, que antes de que amanezca, ya habrán lapidado mi comentario, probablemente con errores ortográficos, de tipeo y conceptuales). Don Berto… agua y ajo por bastante tiempo en esta provincia plebeya y feudal (y por lo primero es, justamente, lo segundo; y no se puede modificar lo segundo si, antes, no se cambia lo primero).

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