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Lo que está en discusión es el monopolio en el uso de la palabra

Estamos transitando por un escenario en el cual, con una intensidad nunca antes posible, está en disputa el monopolio de la palabra.

Este escenario donde por ahora predomina la incertidumbre afecta, entre otros actores, al periodismo y al Poder Judicial.

Durante décadas, las empresas periodísticas tuvieron el monopolio del uso de la palabra en materia de información.

Lo ejercían a través de la jerarquización de la noticia, una decisión adoptada en la soledad de la jefatura de redacción.

Esa jerarquización se construía a grandes rasgos con dos métodos. Uno intuitivo o científico (por ejemplo, a través de encuestas) en respuesta a lo que se presumía que las audiencias esperaban recibir de los medios de comunicación. Téngase presente que su objetivo es, salvo excepciones, vender más ejemplares u obtener más rating según el caso.

La jerarquización de la información también se construía, o se sigue construyendo en muchos casos, en respuesta a los intereses políticos, económicos o ideológicos de la empresa periodística.

La respuesta de los lectores a esa decisión de una sola dirección se medía a través de encuestas, de los ejemplares vendidos o del rating logrado.

La participación de los lectores quedaba reducida al espacio de cartas de lectores, a eventuales llamadas telefónicas, algunas de las cuales se ponían al aire, o de testimonios recogidos en la calle. Pero en general apuntaban a cosechar opiniones sobre un tema determinado, cuya importancia ya había sido decidida e impuesta por el medio. Se opina de esto y no de lo otro. La consigna es tal. La noticia del día es aquella, no la de más allá. Ahora sí, opinen.

La Internet 2.0 cambió esos paradigmas.

En el caso de los grandes medios, ahora los lectores construyen su propia jerarquía de las noticias. Leen lo que les interesa, como siempre, pero ahora quedan rastros en tiempo real del uso que hacen de la información y podemos conocerlos.

Además opinan en los foros, con mayor o menor calidad (en general, con poca, pero ya mejorará).

El tema de fondo es que interpelan a las empresas periodísticas. Les discuten la agenda. Les reclaman según sus prioridades.

Por si fuera poco, las voces se multiplican. En menos de cinco minutos y sin grandes conocimientos técnicos, cualquiera puede tener un blog y subir sus propias opiniones, su jerarquía de intereses.

O abrirse una cuenta en Twitter, y contar en tiempo real y en 140 caracteres lo que está viendo o pensando.

O abrirse una cuenta en Facebook y expresar lo que le gusta, compartir fotos, notas, ideas, pensamientos.

Hay una increíble disponibilidad de herramientas, como nunca antes en la historia, para publicar información y opiniones. Todas, tarde o temprano, encuentran una audiencia.

Esto lo han advertido los gobiernos y los políticos, que se han volcado a las redes sociales y alientan a sus seguidores a que los imiten.

Algunos podrán decir que en los blogs o en las redes sociales se manipula la información. Que antes, según cuentan, le hacían un diario exclusivo para Yrigoyen y que ahora el diario de Yrigoyen se lo pretenden imponer a millones.

Lo hagan o no (algunos sí, otros actúan con la mayor honestidad intelectual) el punto sigue siendo el mismo: le están disputando el monopolio de la información a las empresas periodísticas.

Con el Poder Judicial se puede trazar un paralelismo.

Durante décadas, los jueces construyeron una realidad con sus sentencias en la soledad de sus despachos.

Bajo ciertos parámetros, por cierto: los testimonios, las pruebas documentales o científicas. Y bajo ciertas reglas: el Código Procesal, el Código Penal, las leyes, la Constitución.

Allí están plasmadas, es la creencia generalizada, las conductas que la sociedad ha decidido castigar y qué magnitud debe tener ese castigo.

Es, también, una jerarquización.

(Los magistrados prefieren hablar de que ellos hacen una re-construcción de un acontecimiento histórico, y no una construcción propia, y que su objetivo es recomponer un conflicto.

Pero si aceptamos que la realidad es inasible, que no hay una verdad única y absoluta, debemos conceder que en una sentencia se construye una realidad. La que el juez pudo construir en base a los elementos que le acercaron.

No son pocos los ejemplos de casos reabiertos y revisados porque aparecieron nuevos elementos hasta antes desconocidos).

Dentro de todos los parámetros que acotan su desempeño, al juez le queda margen para tamizar los hechos puestos bajo su análisis por el cedazo de su propia visión del mundo, su ideología, sus vivencias, sus creencias. Eso en el mejor de los casos, porque muchas veces hay sospechas de influencias extrañas que dirigen el rumbo de ciertas decisiones.

Hubo una época en que los jueces dictaban sus sentencias y apenas un puñado de especialistas se enteraban.

Poco a poco, la ciudadanía fue incorporándose al proceso.

La prensa comenzó a difundir la actividad de los tribunales, los juicios se hicieron orales y públicos. Y las sentencias comenzaron a ser discutidas.

Esto dio lugar a muchas confusiones. Aparecieron críticas merecidas, y otras producto del desconocimiento.

En el mejor de los casos, los jueces tomaron nota y esbozaron una reacción.

Fue, más que nada, formal. Comenzaron a abandonar el lenguaje críptico de sus textos y trataron de hacerlos más llanos para que los no iniciados pudieran comprenderlos.

También, en algunos casos, aceptaron entrevistas con los medios de comunicación para democratizar conocimientos, explicar reglas procesales, o legislación de fondo.

La Corte Suprema de Justicia de la Nación abrió un sitio en Internet para difundir sus sentencias y las de los tribunales inferiores. Organizó cursos, conferencias, tareas de capacitación para enseñar una forma de comunicar. Que no siempre es la que le interesa a la ciudadanía, aunque siempre es la que le interesa a la Corte Suprema.

Más allá de estas respuestas a la demanda nueva, la lógica de la toma de decisiones sigue siendo la misma.

Y a los jueces también les están discutiendo el monopolio de la palabra. Siguen diciendo en muchos casos que hablan por sus sentencias, pero de sus sentencias hablan muchos. Algunos son rigurosos analistas, otros provocadores profesionales, otros bienintencionados.

Todos ellos, desde cualquiera de las plataformas digitales disponibles, les discuten los fallos.

Y ahora muchos jueces sienten que están por recibir el golpe final: el juicio por jurados.

Con la incorporación de legos a los estrados por siglos reservados para ellos, temen que perderán definitivamente el monopolio de la palabra.

Y con ello, perderán poder.

El lunes próximo habrá en Neuquén una jornada sobre reforma procesal, prensa y comunidad.

Será una buena oportunidad de debatir este escenario resbaladizo en el que todos estamos.

(Imágenes tomadas de aquí, aquí y aquí.

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  1. jacinto
    26 noviembre 2010 9:37 a las 9:37

    No coincido con eso de que los jueces le teman al juicio por jurados. Es más, es lo mejor que les puede pasar, van a seguir cobrando sus sueldos y se van a sacar de encima la responsabilidad por las decisiones judiciales que ahora va a recaer en el jurado, que dicho sea de paso nada se juega en su veredicto porque no existe la posibilidad de hacerle jury de enjuiciamiento a un jurado popular por mal desempeño en sus funciones.

  2. marina
    26 noviembre 2010 18:40 a las 18:40

    A mi me parece innecesario el sistema que se pretende implantar porque el Jurado, según lo que podido averiguar, se va a limitar a dar el veredicto: culpable o inocente, pero la otra tarea de calificar el hecho y de imponer la pena va a quedar en manos de los jueces. Creo que de esta manera se va a incrementar el costo judicial, que es muy elevado para el servicio que se presta, y en la provincia vamos a tener otro elefante blanco como el Consejo de la Magistratura. Y después no habrá de dinero para otras áreas del Estado ni para mejorarles los haberes a los jubilados.

  3. Hector Luis Manchini
    27 noviembre 2010 6:55 a las 6:55

    Los sistemas judiciales no se crean en un instante. Se van desarrollando a traves de la historia, del desenvolvimiento de la cultura judicial de cada naciòn. Argentina adoptò desde sus origenes la manera de resolver los conflictos judicielas`por jueces que conocìan y decidìan el caso en forrma exclusiva y excluyente, a diferencia de los paìses de raìz sajona que incorpora al jurado que decide sobre la inocencia o culpanbilidad de los imputados, como lo querìa Alberdi y por eso esta consignado en la Constituciòn. El juicio de jurados nunca se cocretò en la argentina, salvo algùn caso aislado, pues es ajeno a su esencia judiicial, a su tradiciòn jurìdica. Implementar este sistema requerirìa previamente que se estudiara con rigurosidad en escuelas y facultades, que se difundiera en el pueblo, dejar que madure durante años, tantos como el que lleva el sistema actual. Es una ilusiòn, una utopìa fantàstica que por serlo en este paìs tan raro, tan apegado sus gobernantes a obras faraonicas y fuera de la realidad que vive la gente comùn Hundida enn el desempleo, la miseria y saqueada por el juego, las autoridades lo llevaran a la pràctica con seguridad, endeudàndonos – como siempre – por una obra inutil. La prèdica serìa olvidemos esta fantasìa y si vamos a endeudarnos destinemos ese dinero a salud, educaciòn, seguridad tan huèrfanos de recursos.

  4. sub judicial
    27 noviembre 2010 10:28 a las 10:28

    Berto excelente tu tema!! Bueno a mí me parece que el camino que va tomando la palabra es el correcto. Las nuevas tecnologías producen estos cambios, entonces tenemos que aceptar que es la democracia la que está ausente cuando pretende “direccionar” el sentido se sus actos. El control de la palabra sigue existiendo, en consecuencia lo que se pone en juego es la “credibilidad” de un discurso. En este contexto las instituciones tradicionales tambalean…no tienen gimnasia ni capacidad de respuesta rápida como lo exigen los nuevos medios. Es un tiempo en el que la verdad y la mentira construida por los que quieren el monopolio de la palabra se pone en tensión y por ende pasa por el filtro de la opinión pública. Esto hace tambalear el sistema de creencias de cada institución, no es poca cosa.

  5. cristina
    27 noviembre 2010 19:37 a las 19:37

    El post es excelente, y coincido en todo con lo que dice sub judicial. Ahora fijate vos, que en el taller este que nombras al final, van a estar justamente hablando, los que se pretenden dueños de la palabras, Inaudi, Miller, un periodista de Canal 13, los representantes de los Jueces. Se va a realizar en un ambito bien exclusivo, el colegio de abogados, pero no cobran entrada, lo hacen de generosos por el “bien de la comunidad” porque son buenos.
    algun dia se tendran que enterar, que la comunidad, está en la calle, en las plazas, en los clubes, en los barrios, en las tomas. y es esa la comunidad que los interpela, que les cuestiona la palabra, no los pequeños grupos del colegio de abogados, siempre complacientes y acomodaticios.

  1. 26 noviembre 2010 12:03 a las 12:03

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