Inicio > Uncategorized > Líderes y aliados

Líderes y aliados

Leo, con el ruido de fondo de la interna del Movimiento Popular Neuquino:

A menudo se plantea que hay que convencer para obtener aliados y reclamar lealtad para mantenerlos.

La teoría y la historia de las organizaciones y de las instituciones muestra que hay dos procesos de agrupamiento político: a) el momento instituyente y b) el momento institucional.

En la primera situación, el agrupamiento de aliados se da en el marco de un proceso de reconfiguración identitaria. El actor político funda un nuevo clivaje y propone a los otros actores encuadrarse en torno al mismo. Se trata a menudo de situaciones fundacionales, donde el antiguo orden simbólico está en crisis y, por ende, se proponen nuevos. Allí la persuasión del emisor es importante para convocar a los aliados.

Pero más importante aún es la “necesidad” de los receptores que, en un orden en crisis, esperan una nueva configuración identitaria que los seduzca.

En la segunda situación, las organizaciones o las instituciones a las que pertenecen los actores ya se encuentran estabilizadas. Por ende, la relación entre el líder y los actores subalternos se encuentra mediada por reglas, rutinas, etcétera. Allí, no se pone en juego solamente la capacidad de conseguir aliados, sino la capacidad de mantenerlos.

En este caso, existe un degradé de aliados potenciales, que van desde los más próximos, pasando por los que pendulan entre uno u otro bando, hasta los más remotos que seguramente terminarán siendo antagonistas.

Para salir con éxito de este doble juego existen dos vías: a) la confianza y b) la amenaza.

En este marco, el líder tiende a usar alternativamente ambas vías. En algunos casos se apela a la lealtad y en otros a la capacidad de sanción para mantener a sus aliados potenciales. Por lo general, la acción resulta una combinación de ambas.

La siempre subjetiva e inasible facultad de ser leal se ve compensada a menudo por la capacidad de sanción de las organizaciones. Así, una respuesta a la falta de lealtad suele ser la aplicación de sanciones, pero el equilibrio entre ambos debe ser muy delicado.

En ningún caso es recomendable usar la fuerza para presionar a los aliados ni humillar a los antiguos aliados, pues cuando la capacidad de sanción decrece, los enemigos se reproducen”.

Fragmento de “La importancia de los aliados: un estudio sobre el conflicto rural (marzo-julio 2008)”. Por Gabriel Nardacchione (Universidad Nacional General Sarmiento-Conicet) y Diego Taraborelli (UNGS). Publicado en “Campos de batalla. Las rutas, los medios y las plazas en el nuevo conflicto agrario”. Ricardo Aronskind y Gabriel Vommaro (compiladores).

Share

Anuncios
  1. Aún no hay comentarios.
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: