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Brutalidad policial, indiferencia fiscal y una hipótesis sobre la mala relación comisaría-barrios en Neuquén

El escenario. El barrio Parque Industrial de Neuquén, rebautizado Ciudad Industrial Jaime de Nevares, está ubicado en el acceso norte de Neuquén. Abarca un amontonamiento de pesadilla de monoblocks y una amplia zona rural. Sus miles de habitantes soportan graves carencias y problemas sociales, aunque sólo aparecen en la prensa cuando se registran incidentes frente a la comisaría 20. Aquellos problemas sociales y esos hechos de violencia tientan a la asociación sencilla y llana. Una sentencia judicial difundida en estos días permite asomarse a otros factores que provocan de la mala relación entre los vecinos y la unidad policial.

La brutalidad. Un hombre se presentó en la comisaría en respuesta a una citación por una denuncia en su contra de su ex pareja. Lo acompañaron su hermano, sus hijos menores de edad y su cuñada. El oficial que lo atendió le explicó que no estaba detenido, pero que lo llevarían en un vehículo policial a otra dependencia para terminar las actuaciones. El hombre dijo que iría por sus propios medios, intentó retirarse, y la situación se desmadró. Incapaces de resolver la situación de manera no violenta, al hombre lo esposaron, también a su hermano, y les pegaron numerosos golpes de puño, de pie, con una agujereadora, se pararon sobre sus tobillos cuando estaba inmovilizado y le pegaron una patada en el oído izquierdo que le provocó pérdida de audición. No sólo eso: una mujer policía le puso el arma reglamentaria en la cabeza a su hija de 13 años al grito de “¿querés que te la mate?”. Las oficinas quedaron salpicadas de sangre, y las víctimas terminaron internadas en el hospital.

Los roles. La comisaría estaba llena de policías armados. Se sospecha que varios intervinieron. A las víctimas les pegaron entre muchos, pero sólo un puñado fueron reconocidos en rueda de personas e imputados. Un cabo, el escalón más bajo de los suboficiales, fue el más violento. Y el oficial de servicio a cargo de la unidad nada hizo para impedir la paliza a dos hombres esposados. Ambos fueron condenados, junto con la mujer policía que desenfundó su arma y le apuntó a la chica de 13 años. Con espíritu de cuerpo, el mismo día del hecho le armaron una causa a la víctima por “resistencia a la autoridad, lesiones y daños”. En el juicio oral, los policías fueron “notablemente reticentes”, “minimizaron los hechos”, por lo que no se los consideró “testigos imparciales”.

La reacción fiscal. La fiscal Sandra González Taboada promovió la acción, pero llegado el momento no pidió la elevación a juicio. El expediente llegó a esa instancia por el único impulso de la querella. En el debate oral, el fiscal de Cámara Rómulo Patti (gran apelador de sentencias cuando los imputados provienen de otros sectores, más cercanos a las víctimas de este caso que a los acusados) se abstuvo. El defensor oficial Gustavo Vitale planteó la inconstitucionalidad del artículo 313 del Código Procesal, que permite llegar a juicio con el solo requerimiento de la querella, criterio que fue avalado por el fiscal Patti. La Cámara lo rechazó con citas a los precedentes “Santillán” y “Sabio” de la Corte Suprema.

La sentencia. Hay hechos que hasta para la justicia son inaceptables. Dice el fallo: “Se ha cuestionado la credibilidad de los dos afectados, no solamente por el interés personal en el caso, sino además porque ellos mismos habrían empleado violencia contra el personal policial actuante. A ello respondo, liminarmente, que no cabría en principio cuestionar el empleo inicial de la fuerza para reducir a ambos damnificados por la conducta que está siendo investigada en el expediente que corre por cuerda, ya mencionado. Lo que sí está cuestionado, y es el quid de este juicio, es el uso excesivo e innecesario de esa fuerza. Por de pronto, resulta por demás evidente la manifiesta desproporción entre las lesiones con las que resultaron unos y otros” (Voto del juez Andrada).

Una conclusión posible. Quizá este caso puntual, en el que dos hombres terminan hospitalizados y tres policías condenados porque no supieron manejar sin violencia una situación sencilla, expliquen un poco las razones por las cuales hay barrios en los que la comisaría no es sinónimo de servicio a la comunidad, sino todo lo contrario.

Aquí la nota que escribí para el diario y que se publica hoy.

Más abajo la sentencia completa, en formato word y con los nombres de los involucrados inicializados (y sí, por momentos parece un jeroglífico, pero en lo sustancial se comprende).

La imagen es de cuando LMN publicó el hecho.

SENTENCIA Nº 18

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