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Los pro y contra de informar y desinformar en tiempo real sobre los avances de una causa penal

La inquietud me surgió a raíz de las novedades que se produjeron el miércoles en el caso del taxista asesinado en Neuquén.

Alrededor de las 9:30 de la mañana se conoció que la policía estaba realizando un allanamiento en una vivienda.

La información se propagó rápidamente a través de los medios digitales y radiales de la ciudad, y medio centenar de taxistas fueron hasta el lugar. La policía formó un vallado ante la eventualidad de que alguien intente tomar represalias.

Lo que trascendió en ese momento fue que habían detenido a dos personas, y así lo titularon los medios digitales que pusieron énfasis, con distinto grado, en las sospechas que había sobre estas personas:

La novedad del operativo fue generosamente replicada por las radios toda la mañana, y también por los canales de televisión. Las audiencias no se privaron de opinar en base a lo que se puso a su consideración. Se fue creando una conciencia social sobre lo que supuestamente sucedió.

Sin embargo, al mediodía, es decir pocas horas después del allanamiento, los investigadores ya manejaban otra información que convertía en inexacto lo publicado.

Las personas que habían sido retenidas por la policía eran tres, no dos; el sospechoso era uno solo, un chico de 15 años, y, acaso lo más relevante, el cotejo de sus huellas dactilares con las huellas encontradas en el taxi de la víctima había dado negativo. De esta manera, las sospechan en su contra se diluían.

Además los tres habían recuperado su libertad por diferentes razones: dos de los detenidos, porque no tenían vinculación con el crimen. El adolescente, por un motivo que merece consideraciones que veremos enseguida.

Estos datos no fueron transmitidas a la prensa a medida que se producían.

La policía y la justicia, que en todo momento mantuvieron el control del flujo informativo, permitieron que se supiera del allanamiento pero no de sus derivaciones.

¿Qué hubiera pasado si se publicaba todo a medida que sucedía?

Recién a media tarde cambió el eje informativo, con títulos como este:

Pero esta novedad sobre la inminente liberación del adolescente no se basaba en su inocencia sino en su edad. El cuerpo de la nota indicaba que por aplicación de la ley vigente, un chico de 15 años es inimputable y no puede estar preso.

Seguía sin trascender, al menos hasta ese momento, que había dado negativo el cotejo de las huellas dactilares y que las sospechas eran débiles.

A la noche, algunos medios electrónicos siguieron repitiendo la versión recogida a la mañana temprano: que había dos detenidos, sospechados de asesinar al taxista.

Por falta de estructura para realizar una investigación más profunda, por ausencia de fuentes oficiales que arrojaran luz, o por el motivo que sea, no actualizaron lo que ya estaba desactualizado por la dinámica de la investigación.

Además, mantuvieron la sospecha de culpabilidad sobre un adolescente contra el cual, hasta ese momento, no había ninguna prueba sólida y menos aún, un juicio que lo determinara.

Su apodo, su nombre de pila, el de sus padres, su domicilio, circularon con amplitud por los mismos medios que no aclararon que prácticamente no había pruebas en su contra, y que sabían que existía el riesgo de que alguien tomara represalias en su contra.

En definitiva, publicar en tiempo real los avances o retrocesos de una investigación penal es una decisión compleja. Se debe tener en cuenta que puede influir en el ánimo de las víctimas o de la sociedad en general, crear falsas expectativas, e incluso conducir a que se tomen decisiones equivocadas.

Hasta se puede entorpecer la investigación. Un medio digital publicó, por ejemplo, las características físicas del adolescente, lo cual invalida una rueda de reconocimiento posterior.

Y sobre todo, para ir de lo particular a lo general, se debe tener en cuenta que los medios construyen y consolidan opinión con sus títulos y crónicas.

¿Entonces qué hacemos? Está claro que dejar de publicar no es la solución. Es más, en muchas ocasiones, mantener informadas a las audiencias ha sido el antídoto para impedir un encubrimiento, o que se endilgara un delito a quien no lo cometió.

Pero todos los recaudos son pocos. Pese al tono que rezuma esta crónica lejos estoy de pretender juzgar a los medios y, creo que es evidente, no tengo respuestas para los interrogantes. Los planteo como tema de debate para quien quiera recogerlos.

Por último. Mencioné antes la falta de fuentes oficiales, y ni siquiera su presencia es garantía para los periodistas de evitar un yerro o de ser utilizado por agentes interesados.

Quiero recordar que cuando asesinaron al taxista Néstor Navarrete, el 13 de febrero de 2007, el entonces jefe de la Policía, Carlos Zalazar, convocó a una conferencia de prensa para informar que el crimen había sido esclarecido.

Hoy, a más de 4 años de aquella información oficial transmitida a todos los medios, el asesinato de Navarrete está impune. Las personas señaladas por Zalazar como autores fueron declaradas inocentes.

Actualización 22 julio: el chico al que se alude en este post y en el anterior quedó desvinculado del caso.

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Etiquetas:
  1. Federico
    21 julio 2011 9:17 en 9:17

    Coincido con los interrogantes que abrís. Me viene una primera aproximación que tiene que ver con lo innecesario de actualizar todo, todo el tiempo. Parece ser más una imposición dentro de una carrera, algo alejada de las buenas prácticas periodisticas, que una necesidad real y demanda concreta de información. Sin embargo esto no clausura la posibilidad y las exigencias que las nuevas tendencias de desarrollo en la sociedad exigen. Un realidad -no se si nueva- que exige de nuevos registros para sus complejidades. Esperemos que no haga falta un escándolo para que los ajustes materializados sean sustanciales. Abrazo.

  2. Lola Mora
    21 julio 2011 16:22 en 16:22

    A veces tanta información junta “desinforma” e incluso puede llegar a entorpecer el curso de una investigación judicial. Habría que ver la forma de encontrar un punto medio y un equilibrio para satisfacer las necesidades de todos.
    Muy interesante el post. Saludos.

  3. Leticia Lorenzo
    21 julio 2011 16:41 en 16:41

    Qué bueno que pongas este tema en debate! Coincido con todo lo que decís y agrego algo más: muchas veces el “minuto a minuto” puede alertar a implicados reales y hacer perder investigaciones. Sin embargo, con ello no quiero decir que no hay que informar o que hay que limitar a los medios. Es una realidad de nuestra época que este tipo de informaciones no sólo se buscan sino que se repiten una y otra vez y generan audiencia.
    Me parece que en este contexto es necesario que los sistemas judiciales e investigativos replanteen la forma en que comunican su trabajo, tanto a nivel general como en casos individuales. En ese sentido, recomiendo la lectura del informe realizado por la periodista Sonia Vaamonde, encargada de comunicación de la fiscalía de Esquel, que puede encontrarse en esta publicación: http://ceja.cl/portal/index.php/es/biblioteca/biblioteca-virtual/doc_details/5293-primer-encuentra-nacional-redex-argentina- Es muy interesante ver sus planteos sobre los desafíos para el sistema judicial en materia de comunicación.
    Urge generar un diálogo en estos temas, con participación de los sectores involucrados, sobre todo de cara a una posible reforma al procedimiento penal. Saludos

  4. heriberto
    21 julio 2011 19:47 en 19:47

    Es así, pero cuan rápido informa el Sr. Berto de los resultados de la investigación que llevan agua a su molino. Esto es: a su tesitura, que parece ecuánime en algunos temas y en otros no hace mas que desinformar. Póngase de acuerdo. Y por favor, aunque me escude en un seudónimo, que Ud. sabe perfectamente a quien corresponde, deje de borrar y excluir mis mensajes que son acordes a las reglas de juego que Ud ha impuesto.-

    • 21 julio 2011 19:55 en 19:55

      Le informo, lo más rápido que puedo, que no sé quién es usted.

  5. heriberto
    21 julio 2011 19:52 en 19:52

    Qué valor hubiera tenido el reconocimiento con los identikits conocidos por toda la población; si aparecía un nuevo testigo?

  6. tintanegra
    24 julio 2011 10:55 en 10:55

    Las instituciones deben apurarse y contextualizarse, hoy las nuevas tecnologías imponen un nuevo ritmo y la cultura ha cambiado hacia nuevas formas de percibir el mundo. Me parece que quienes conducen los destinos del poder todavía recuerdan a la vieja radio a válvulas. Va con respeto.

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