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Claudia Cesaroni: “quienes tenemos otra mirada debemos discutir lo que instalan los medios”

Claudia Cesaroni es abogada, magíster en Criminología, y conocida, entre sus muchos trabajos, por las “Diez razones para no bajar la edad de imputabilidad” (ver aquí).

Estuvo en Cipolletti donde dictó, junto con el periodista Horacio Cecchi, un seminario de posgrado sobre “Crimen, delito y políticas de seguridad” (y que contó con una muy buena asistencia).

Sobre esos temas gira la entrevista que le hice.

¿Percibís una diferente reacción en los medios y en la sociedad cuando el presunto autor de un delito es un adolescente respecto de cuando es un adulto?

La reacción es distinta, pero no sólo en los casos penales. En general cuando se trata de niños o adolescentes, por ejemplo estudiantes que reclaman, me parece que la idea es que el castigo resuelve las cosas. Entonces cuando quienes se alzan contra cierto orden encima son menores de edad, es más escandaloso y solivianta más a determinadas voces. Hay una imagen de una infancia santificada, rodeada de virtudes de inocencia. Cuando los pibes se corren de esa imagen son monstruos que matan, o monstruitos que toman una escuela. Se despierta un escándalo mayor porque no cumplen un rol que supuestamente deberían cumplir: de obediencia, o de una niñez que debería comportarse de otra manera.

¿Se mezcla con la idea de que los niños son el futuro?

Claro. Se ha dicho muchas veces y vale la pena remarcarlo: hay niños y hay menores. Para los primeros están el día del niño, las vacaciones en Disney o donde puedan pagarlas, las clases de guitarra, de inglés, para que se desarrollen y crezcan. Para los menores hay palos y a la bolsa, institutos, dureza. Y a los niños que no quieren ir a la escuela sólo a estudiar y a planificar el viaje de egresados, que discuten poder en las escuelas, también es complicado soportarlos. El grado de restricciones, reglamentaciones, limitaciones que se imponen en las escuelas secundarias, contra lo que muchas veces se cree que los chicos hacen lo que quieren. Todavía existen las expulsiones por cuestiones de indisciplina. Es un incumplimiento de la Constitución para abajo de un montón de normas. Si hay que garantizar la educación, no se puede afrontar un acto de indisciplina con una expulsión. A los pibes que se corren de cierta mirada sobre lo que debería ser un adolescente, se los interpela en televisión o se los muestra, se los exhibe, violando toda la normativa existente.

¿Tienen voz esos adolescentes, tienen canales donde reconocerse y expresarse?

Los de clase media tienen algún recurso para defenderse, los acusados de delitos ni siquiera tienen voz, salvo cuando se los exhibe como pieza de zoológico, drogándose, o con la cara tapada, con capuchas, como sujetos monstruosos que hablan con lenguaje tumbero.

Así se contribuye a consolidar el arquetipo.

Claro, se busca generar miedo, rechazo, una situación de lejanía total con ese sujeto.

¿En qué lugares pueden expresarse los niños, niñas y adolescentes?

No puedo decir si existe un lugar donde sean tratados mejor. Hay algunas experiencias en programas de televisión, como los del canal Encuentro o Paka Paka, donde los pibes aparecen como protagonistas, mediando. Pero masivamente, no.

¿Y cuando ingresan al sistema penal?

Hay instancias formales. Hay una cantidad de normas internacionales, nacionales y locales, pero el problema son las prácticas concretas. Yo participé de una investigación oficial en 2007, y por ejemplo, se les preguntó a los privados de libertad si ellos podían hacer peticiones. En general la respuesta era casi siempre negativa. Eso pasa también con los presos adultos. A veces ni saben a quién le tienen que pedir algo. No saben quién es el juez, no saben por qué están ahí. Los pibes tienen menos recursos. Un pibe de 14 o 16 años piensa que lo mandó la policía, a veces ni sabe que tiene que intervenir un juez, si lo sabe, no tiene manera de comunicarse. Las normas a las que tiene que atenerse, cuáles son sus derechos, tampoco lo saben. Además en muchas instituciones hay una legalidad entre comillas que es la que impone la autoridad.

¿En esto tienen responsabilidad los operadores judiciales?

Sin duda. En todos estos temas la justicia tiene una enorme responsabilidad. Es un entramado. Para citar un ejemplo: a mí en estos días me asombra la cantidad de personas que nos estamos solidarizando con Zaffaroni, y al mismo tiempo, en la provincia de Salta, donde murieron brutalmente asesinadas dos jóvenes francesas, fueron detenidas personas que denunciaron torturas que están descriptas y podrían corresponder a cualquier campo de concentración de la dictadura, y no merecieron ninguna respuesta. Entonces no es sólo lo que los medios construyen. Es también cómo quienes tenemos otra mirada sobre estos temas, no discutimos esa agenda. Estaría mucho mejor que estuviéramos más escandalizados por esa otra noticia, que no generó respuesta y es muy grave, estamos hablando de torturas. A veces hay como un cierto facilismo de acusar que determinados temas son construidos por los medios, pero tenemos que hacer autocrítica quienes estamos del lado de la defensa de la libertad, de los derechos humanos, que no somos capaces de instalar algunos temas y discutirlos. Que se deje pasar que tres personas que, según da toda la sensación, son perejiles, y aunque no lo fueran, aunque uno fuera el autor material de la muerte de las chicas, es terrible que los hayan torturado. La culpa no es solamente entonces de los grandes medios, sino también de quienes tenemos otra mirada y no somos capaces de escandalizarnos frente a esos hechos.

¿Por qué ante un determinado problema la reacción que se impone es aplicar la mano dura? ¿Da rédito, es facilista, es más barato?

Ni siquiera es más barato en términos económicos. Tiene que ver con cierta superficialidad y liviandad en tomar estos temas. Si hay que discutir sobre la cura del cáncer a nadie se le ocurriría preguntarle a un familiar de un enfermo, sino que se procura un oncólogo. Ahora, para hablar de problemas vinculados al crimen, al delito o a la inseguridad, que es una idea que engloba miles de cosas, sí se acude a la víctima o a sus familiares. Y las respuestas tienen que ver más con el deseo de venganza. Uno no puede meterse con el dolor de la víctima, pero cuando el dolor se transforma en un programa político sí hay que discutirlo desde otro lugar. El caso típico son las leyes que se sancionaron luego de la muerte horrible de Axel Blumberg. Recuerdo que en esa época, cuando pretendíamos discutir, nos decían ‘¿cómo vas a discutir con el dolor de un padre?’. El problema es que no discuto el dolor, discuto lo que se hace con la excusa del dolor. Y lo que se hizo fue destruir el Código Penal, imponer sanciones de 50 años de prisión, etcétera. En estos días, en Noruega, después del atentado, hay gente que está planteando que es muy leve la pena de 21 años que se le puede aplicar como máximo al autor. El primer ministro noruego dijo que esto no se puede discutir en este momento, aunque es probable que la reforma salga dentro de un año, lo que va a demostrar otra vez que son remedios que se aplican después de que las cosas suceden. Volviendo a la pregunta, tiene que ver con facilismo, liviandad. Es más complejo analizar las causas en profundad. Plantear cómo se resuelve ‘la inseguridad’ es como preguntarse cómo se resuelve ‘la enfermedad`. Hay múltiples enfermedades, múltiples remedios, múltiples medidas preventivas. De ninguna manera se puede plantear una solución. Se ofrecen soluciones que aparentemente resuelven un aspecto de la inseguridad y casi siempre eso genera nuevos problemas. El caso más claro es llenar la calle de policías, gendarmes, prefectos como se hizo en una zona postergada de la ciudad de Buenos Aires. Seguramente alguien me responderá: ‘la gente está de acuerdo’. Yo me pregunto si los adolescentes se sienten más seguros. Claro, hay un sector de los vecinos que seguramente se siente más tranquilo, pero también hay quienes dicen ‘con los militares vivíamos mejor’. Son fuerzas de seguridad creadas para otra función, y circular por determinadas zonas es ahora circular por una ciudad sitiada. Se plantea esto como solución y luego tenés que en una semana los dos homicidios más importantes son cometidos por policías, uno en la ciudad de Buenos Aires y otro en Florencio Varela.

También hay que discutir la capacitación de esta policía que se manda a la calle.

Sí, pero no sólo qué preparación tiene para usar sus armas. El otro problema es que se dice que mató a un inocente. Si hubiera matado a un ladrón también estaría mal, porque no hay pena de muerte. Y está naturalizada la idea de que un policía corre a un ladrón y lo puede matar. Entonces hay una cantidad de muertes que pasan inadvertidas. Por otra parte, hay un elenco estable de opinólogos que son llamados a los medios para que digan algo dentro de lo que el medio quiere decir. Si es un caso de gatillo fácil llaman a organismos de derechos humanos, pero si es un motín en la cárcel los organismos pueden ser molestos y llaman a otro. Es difícil analizar integralmente la problemática. Lo que pasa en la cárcel no son motines sino reclamos no escuchados, pero difícilmente se analice por qué estalla una cárcel, como tampoco se analiza por qué ese policía actúa como actúa. Tal vez está dormido porque trabaja 24 horas por 24 horas, o se lo obliga a que use el arma y si no se lo sanciona… eso tampoco se analiza. Se llama a alguien, dice dos o tres cosas que entran en la lógica de lo que el medio quiere instalar, y difícilmente se convoca a alguien que haya estudiado durante cinco años la actuación de la policía en determinado lugar. Por ejemplo, hace más de 5 años que está la Gendarmería en dos barrios, Ejército de los Andes y La Cava. No hay estudios a lo largo del tiempo que indiquen, primero, si hay una disminución del delito; segundo, cuál es la percepción que tiene las población conforme la edad, la ubicación y otros parámetros. Entonces uno pregunta, ¿es una medida eficiente en términos estadísticos? No puedo contestar. Pueden decir que la gente está encantada, o que está aterrorizada. La señora de 60 para arriba conversa con el gendarme, los pibes de 20 para abajo le tiran piedras… no lo sé. La única posibilidad de saber algo sobre eso es un programa del estilo Policías en Acción, que es nauseabundo, una especie de show del Fuerte Apache. Eso también me parece que tiene que ver con que es mucho más complejo producir investigación, leerse un texto de muchas páginas, meterse en el barro. Eso cuesta tiempo, dinero, y parece que no interesa.

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