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Síndrome de la mujer golpeada: absuelven a víctima de violencia de género que mató al marido. Fallos completos

Más de 12 años soportó Vanesa Pincheira (29) la violencia ejercida sobre ella por su marido Luis Sellanes (29). Hasta que la mañana del 17 de enero de 2010, después de una interminable noche de golpes y abuso sexual, tomó el rifle con el cuál él la había amenazado para poder violarla y le pegó cuatro balazos en la cabeza. La justicia la absolvió por inimputable. El fallo fue apelado por el fiscal y el Tribunal Superior de Justicia lo confirmó. “Pincheira sabía lo que hacía pero no pudo evitar matar a Sellanes, única solución viable dentro del contexto de violencia doméstica que vivía para terminar con el maltrato de años y salvarse física y psíquicamente”, dijeron los jueces del TSJ en la resolución que pueden descargar al final del post.

El desenlace de la terrible historia se produjo aquella mañana de enero de 2010 en Los Guañacos. Allí se había ido a vivir Sellanes para escapar de las numerosas causas judiciales abiertas en su contra en Neuquén capital. Arrastró con él a Vanesa y sus hijos. La mujer, lejos de su familia y sin posibilidades de pedir ayuda, sufrió cada vez más el maltrato. Para los niños se convirtió en una triste rutina huir del hogar cada vez que el padre le pegaba a la madre.

El 20 de mayo de 2011, la Cámara de Zapala la absolvió del crimen. El fallo, que pueden descargar al final del post, consta del voto principal de la jueza Liliana Deiub, al que adhieren Ivonne San Martín y Oscar Domínguez (subrogantes). Señala que Vanesa “se vio imposibilitada de dirigir sus acciones o controlar las mismas en el momento en que tomó el arma que se encontraba a los pies de la cama y efectuó los disparos que culminaron con la vida de su cónyuge. Por esa razón y habiendo obrado en estado de inimputabilidad debe ser absuelta de culpa y cargo por aplicación del beneficio de la duda en su favor, en tanto no se acreditó su estado de plena conciencia y se descartó la planificación del hecho”.

Se basaron para llegar a esa conclusión en las declaraciones de psicólogos y psiquiatras, y en el terrible relato de la imputada.

El fiscal Héctor Trova, que había pedido una condena de 5 años de prisión por los atenuantes que tenía el caso, quedó disconforme y fue en casación.

La sala penal del TSJ, integrada por Graciela Martínez y Guillermo Labate (foto) le rechazó el recurso. Los vocales señalan que la conducta de Vanesa “debe analizarse teniendo el cuenta el síndrome de la mujer golpeada (SMG)” para la cual “el daño siempre es inminente”.

“La experiencia de la violencia en forma prolongada afecta las percepciones del peligro, su inminencia y la decisión sobre qué acciones son necesarias para protegerse, de manera que no puede aplicarse a estas mujeres el mismo standard de racionalidad ni el mismo concepto de inminencia que a una persona que no está bajo los efectos del SMG”, añaden los jueces.

Concluyen que “si bien los peritos no aseveraron un estado de inconsciencia que no le permitiera comprender la criminalidad del acto ni de dirigir sus acciones al momento de dar muerte a su marido, no es menos cierto que la situación abusiva en la que se encontraba inmersa Vanesa generó en el ánimo de los juzgadores una duda insuperable en torno a su capacidad de culpabilidad” y por eso la absolvieron.

Golpes toda la noche

“Vos te vas a ir de acá dentro de un cajón”, le decía habitualmente Sellanes a Vanesa. Y cuando la vio con el rifle en la mano la desafió: “si me vas a tirar, tirame y matame porque te voy a matar a vos”.

Así lo relató la mujer en el juicio oral que se realizó el año pasado en Zapala. Según consta en la sentencia distribuida por la oficina de prensa del Tribunal Superior, la noche previa al desenlace Sellanes comenzó a pegarle a su hijo menor por un incidente sin relevancia: el chico se cruzó delante del televisor.

Ella se interpuso y recibió los golpes de su marido: con una fusta para caballos, de puño, puntapiés. “La golpeó toda la noche, no durmieron. También la obligó a mantener relaciones sexuales. Le puso un cuchillo en el cuello y el arma en la boca”, señala la sentencia.

Después del homicidio, Vanesa se entregó en la comisaría. Tiempo después se enteró de que le había disparado cuatro veces en la cabeza. En ese momento no tuvo conciencia de lo que hacía.

SENTENCIA CAMARA

FALLO TRIBUNAL SUPERIOR

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  1. Hector Luis Manchini
    30 marzo 2012 19:15 a las 19:15

    Perdón, el que leyó el fallo del TSJ puede apreciar que el Alto Cuerpo, en el último párrafo, admite que P.V. sabía lo que hacía al matar a L.A.S. es decir se aparta del texto expreso del 34 inc. 1° , dicta una sentencia contraria a la tipicidad del derecho penal y crea su propia causa de inimputabilidad extra legem que sería “Obnubilación que insta a matar al marido”.
    también la decisión carece de fundamento al no respetar los principio esenciales de la materia y no ser desenlace razonado de la prueba producida -ni sicologos ni siquiatras hablan de inimputabilidad, por el contrario el siquiatra descarta que en el momento del hecho P.V. no haya comprendido la criminalidad del acto ni dirigir sus acciones – todo lo cual hace que el fallo sea nulo pues la única sentencia posible era homicidio agravado por el vínculo y constituye un grave antecedente para supuestos análogos.
    La violencia doméstica no se soluciona matando al marido de cuatro tiros, sino acudiendo a la justicia y a la ley, en su defecto nos veremos inmerso en la arbitariedad jurídica absoluta, en el desorden social, en la justicia por mano propia, como sucedió en este caso y que incomprensiblemente avaló la Sala Penal del T.S.J.

    • dias despues tres
      1 abril 2012 11:37 a las 11:37

      Comprensiblemente avaló. Porque las acciones del juzgado para detener la violencia de género en la IIIra son un disparate: no se prestan los expedientes a las partes, se toman las decisiones sin dar ninguna razón válida, rara vez se pide intervención al Gabinete Forense, las medidas no se ejecutan, y un largo etc.

      Con lo cual, la “Cámara” unipersonal tiene que mostar cierta “mano dura” aunque fuera privatizando la justicia en la acción directa de la víctima.

      En todo lo demás, acertado lo suyo, pero disiento: es una legítima defensa frente a la constante situación de reducción a la servidumbre.

      Pero suena más “progre” inventarse una causal que no existe antes que decirle a la defensa “labure y exponga qué significaron los años de sometimiento”.

      En los hechos, hoy la Presidencia del TSJ tiene una denuncia sobre el tema referido a una prostituta que, víctima, no fue tramitada por el juzgado de primera instancia como impone la mínima inteligencia ante el tráfico de personas y el desamparo del género.

      Berto, podés eliminar esto o pedir información; creo que sos honesto, periodista, antes que amigo, pedí información y vas a encontrarte con mucha mugre que pretende acercarse a la “lucha de género” para zafar su despotismo.

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