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“Los chicos del oeste mueren o van presos”. Entrevista a la madre de Brian, asesinado por la policía en Neuquén

 

La noche del día en que enterró a Brian, Elizabeth soñó que lo veía jugando al ping-pong. Todavía no sabe por qué se le vino esa imagen, si su hijo nunca practicó ese deporte. Brian quería ser guardafauna, porque imaginaba que así podría andar libremente por paisajes maravillosos. Callejeaba, como él mismo decía. Tenía tanta energía y ganas de vivir que no podía quedarse quieto. Ruidoso, alegre, estaba lleno de amigos de su edad. Nunca conoció los problemas “de nosotros, los grandes”, dice su madre. En febrero iba a cumplir un sueño: conocer el mar.

Y era buen alumno: “Has demostrado ser muy capaz. Éxitos en la nueva etapa. ¡Felices vacaciones!” es la última anotación del maestro en su boletín, el 18 de diciembre, cuando terminó la primaria como escolta de la bandera y con un premio a su esfuerzo.

Pero no hubo próxima etapa. El día siguiente a las 3 de la mañana su vida feliz y despreocupada se cruzó con el contexto del barrio del oeste en el que vivía. Esa zona de la ciudad donde, dice su madre Elizabeth, “los chicos están condenados a vivir en la miseria y tienen dos opciones de vida: morir o estar presos”. Por eso se pregunta “por qué el gobierno gasta millones de pesos en autos para la policía y ni uno en un lugar para que los chicos no anden todo el día en la calle”.

Brian se había escapado de su casa mientras la madre dormía y se subió con amigos de su edad al auto del padre de uno de ellos. Una travesura tonta: tuvieron que ir a buscar a uno más grande para que lo manejara. Se cruzaron con un patrullero. El que manejaba se asustó. Un policía disparó. La bala le cruzó la cabeza y el futuro.

“Río Negro” visitó a Elizabeth en su casa del barrio San Lorenzo, donde vive rodeada de recuerdos y de afectos familiares. “Los chicos andan ahora como perdidos. Brian era una especie de líder de la manada”, cuenta.

El adolescente, que el 4 de enero cumpliría 15 años, fue asesinado por el oficial subinspector Claudio Salas en la calle Casimiro Gómez al final. El policía confesó ser el autor del disparo, pero dijo que reaccionó ante lo que creyó que era una agresión de parte de los amigos de Brian. Elizabeth lo niega, y asegura que el arma que encontraron en la cupé Fuego del vecino fue plantada.

Ante la pérdida, la mujer aspira a convertir el dolor en proyectos. “No hay lugar para los chicos. Las cosas son inaccesibles, entonces se aburren, andan en las plazas y la policía los corre. No se pueden pagar un gimnasio, una cancha de fútbol 5. No hay espacio para ellos”.

La pobreza “es un dato, y uno se acostumbra a los datos, pierden significado”.

Elizabeth se pregunta: “¿tanto cuesta hacer una plaza con un árbol, un salón con wifi para que los chicos puedan usar las computadoras que les dan en la escuela? ¿Tanto cuesta hacer bajar a los psicólogos que tiene el gobierno encerrados en oficinas para que vengan a charlar con los pibes?”. Por eso quiere reunirse con otros padres y madres del barrio para pensar en soluciones y pedir que llegue la contención a los adolescentes. “No sé si estoy exagerando. Pienso en Brian como un mártir de los chicos del oeste. Es hora de empezar a hacer algo por ellos”.

elizabeth y brian“Acá se permite disparar”

“En Jardines del Rey o en la Plaza de las Banderas, el oficial Salas no habría disparado. Lo hizo en el oeste porque acá se les permite”.

Elizabeth está llena de dolor y de enojo con el policía que mató a su hijo y con otros oficiales que, está convencida, intentaron encubrirlo.

Enumera: rompieron la luneta por la que entró el disparo para borrar rastros, intimidaron a los amigos de Brian para que no declaren en contra de la policía, adujeron que los chicos estaban drogados y “plantaron un arma en el auto para inventar un enfrentamiento”.

La madrugada del 19 de diciembre, cuando buscaba a su hijo de comisaría en comisaría, ningún policía fue capaz de decirle lo que había pasado. “Yo creí que habían chocado”, dice.

“Fue un golpe atrás del otro. Yo pensaba que había sido víctima de la inseguridad, no del que tenía que cuidarlo”.

A Elizabeth le queda un consuelo: “Mi hijo no murió solo como un perro en el fondo del barrio. Se murió en mis brazos, como nació. Eso me llena de paz”.

(La entrevista la hicimos con Laura Loncopan Berti, autora y editora del video, y con Matías Subat. Aquí está la publicación en “Río Negro” con una galería de fotos).

  1. Mary
    30 diciembre 2012 9:55 a las 9:55

    Cuantas verdades dice esta madre!!!!!!!! Que simples sus palabras y cuanto contenido. Un analisis de la realidad de muchosssss muy certero.

  2. 30 diciembre 2012 11:54 a las 11:54

    Policía para ricos (no dispara y protege sus propiedades) y policía para pobres, (de gatillo fácil) Gran reportaje, felicitaciones…

    Saludos

  3. Jesús
    30 diciembre 2012 13:05 a las 13:05

    ¡Gracias, Berto!

  4. claudio
    30 diciembre 2012 15:13 a las 15:13

    La policia se muestran muy atrevi2 con chicos y grandes(nosotros) muestran chapa e itaka y los corren o ningunean diciendoles “nenas”..muy mal ESTA policia!!!

  5. marta
    1 enero 2013 21:56 a las 21:56

    lo que más me molesta que haya deditos para abajo, cuando esta señora habla de una realidad que TODOS LOS QUE TRABAJAMOS EN EL PODER JUDICIAL la conocemos perfectamente

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