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Matar por la espalda y no tener ninguna responsabilidad: el caso del policía que asesinó a Brian en Neuquén

22 enero 2013 13:15 2 comentarios

CONFERENCIA DE LA MAMA DE BRIAN ELISABETAquí está en pdf la resolución del juez Marcelo Muñoz que dictó una sorprendente falta de mérito en beneficio del oficial subinspector Claudio Fabián Salas, autor confeso del disparo por la espalda que segó la vida de Brian Hernández, de 14 años.

Y aquí está la apelación de la fiscalía (en word) y aquí la de la querella (también en word).

Poco puedo agregar al valor de estos documentos salvo que su lectura completa, que se recomienda como siempre, aumenta la perplejidad.

En las apelaciones sobrevuela una velada acusación: que el juez hizo una utilización antojadiza de las pruebas para llegar a su conclusión. O a su falta de conclusión debería decirse.

Algunos detalles mínimos para comprender el caso.

El 19 de diciembre de 2012, a las 2:40 de la mañana, Brian viajaba con seis amigos de su edad en una coupé Renault Fuego con vidrios polarizados que le habían quitado al padre de uno de ellos.

El día anterior Brian había terminado la escuela primaria con una felicitación especial por su esfuerzo y deseos de un gran futuro por parte de su director. Esa noche le pidió permiso a su madre Elizabeth para acostarse más tarde. Ella se fue a dormir, y él se escapó. Una travesura.

La coupé la manejaba el único mayor de edad de los chicos. Andaban por la calle Casimiro Gómez, escuchando música en el celular y fumando, detalles insignificantes que asumieron relevancia después.

En ese mismo momento, la policía buscaba a un vehículo en la misma zona que circulaba a alta velocidad.

Un patrullero en el que iba Salas observó la Fuego y se cruzó en medio de la calle. Creyó que podía ser el vehículo buscado.

El oficial y una mujer policía descendieron. El chico que manejaba se asustó y apretó el acelerador.

Cuando pasaron junto al patrullero, Salas le disparó a la luneta. La bala entró en la cabeza de Brian por la zona occipital y le provocó daños irreversibles.

El conductor aceleró más. El patrullero se lanzó a perseguirlo y lo encontró a las pocas cuadras. Los policías bajaron a los chicos a los golpes, como es de rigor.

Supieron de inmediato que había un herido grave. Pero ningún policía le dijo a la madre de Brian lo que había pasado. Elizabeth, atravesada por el discurso de la inseguridad, pensó que habían herido a su hijo en un intento de robo. Fue un médico del hospital el que le contó la verdad.

Hasta aquí los hechos, relatados con mayor o menor rigurosidad en la resolución de Muñoz y en las apelaciones (vuelvo a invitar a su lectura completa).

El oficial Salas accedió a declarar en indagatoria. Es un policía que el 9 de enero pasado cumplió 37 años, que tiene varias faltas asentadas en su legajo y una denuncia por apremios ilegales que se tramita en fiscalía.

Salas admitió haber disparado (qué más remedio tenía: hasta sus compañeros lo señalaron, para no mencionar el peritaje de balística en su pistola reglamentaria). Y sin embargo su declaración llenó de dudas al juez Muñoz.

Dijo que cuando la Fuego pasó a su lado vio un arma (pese a la oscuridad y a los vidrios polarizados) y un fogonazo (pese a que no escuchó ningún estampido y a que los vidrios del auto estaban levantados). Creyó que le habían disparado a la mujer policía que estaba a su lado, y respondió el fuego.

Salas creyó, Muñoz dudó.

El arma existió, según el juez. Es poco probable que la hayan plantado pese a que todos los ocupantes del auto (los que sobrevivieron) niegan su existencia.

Muñoz dudó, y completó el relato del policía: el fogonazo, dijo en su resolución, pudo ser la luz del celular de los chicos que iban escuchando música, o un cigarrillo.

Hay que poner mucha voluntad para confundir el fogonazo de un arma de fuego al ser disparada con la luz de un cigarrillo o de un celular, más cuando se trata de un profesional de la “seguridad”. O será, como dice Elizabeth, que Salas gatilló porque estaba en un barrio polvoriento del oeste y no en un barrio acomodado del centro de la ciudad.

Y también requiere esfuerzo imaginarse que un grupo de chicos le apuntó a un policía con un arma que no es apta para el disparo, como se comprobó que no lo era la “encontrada” en el auto.

Pero más cuestionable aún es la interpretación del juez sobre la imposibilidad de que el arma haya sido plantada después del operativo.

Según Muñoz, después del disparo y cuando salieron en persecución de la Fuego, los policías avisaron por radio que estaban detrás de un auto en el que iban personas armadas.

Esto no está demostrado. Es más, hay prueba en contrario porque se conserva registro grabado de las comunicaciones policiales (algunas están, convenientemente, dañadas).

Además Muñoz dice que a los pocos minutos llegó al lugar del hecho el fiscal Germán Martín, cuando está consignado en el acta que el fiscal llegó más de una hora después. Hasta entonces, la escena del crimen estuvo controlada por policías, camaradas de Salas.

Pese a todo, quién puede saber la suerte que tendrá esta causa en el futuro. Por ahora lo preocupante es la falta de condena pública por parte del gobierno provincial a este hecho de gatillo fácil. O al menos, de preocupación porque un policía mató a un chico de 14 años.

Resoluciones judiciales como esta, sumadas al silencio político, son toda una definición de la política de “seguridad”.

(A la resolución del juez Muñoz le faltan dos páginas que no impiden su completa comprensión. Es la única copia que pudimos conseguir)

(La foto es de Yamil Regules).

“Los chicos del oeste mueren o van presos”. Entrevista a la madre de Brian, asesinado por la policía en Neuquén

30 diciembre 2012 9:28 5 comentarios

 

La noche del día en que enterró a Brian, Elizabeth soñó que lo veía jugando al ping-pong. Todavía no sabe por qué se le vino esa imagen, si su hijo nunca practicó ese deporte. Brian quería ser guardafauna, porque imaginaba que así podría andar libremente por paisajes maravillosos. Callejeaba, como él mismo decía. Tenía tanta energía y ganas de vivir que no podía quedarse quieto. Ruidoso, alegre, estaba lleno de amigos de su edad. Nunca conoció los problemas “de nosotros, los grandes”, dice su madre. En febrero iba a cumplir un sueño: conocer el mar.

Y era buen alumno: “Has demostrado ser muy capaz. Éxitos en la nueva etapa. ¡Felices vacaciones!” es la última anotación del maestro en su boletín, el 18 de diciembre, cuando terminó la primaria como escolta de la bandera y con un premio a su esfuerzo.

Pero no hubo próxima etapa. El día siguiente a las 3 de la mañana su vida feliz y despreocupada se cruzó con el contexto del barrio del oeste en el que vivía. Esa zona de la ciudad donde, dice su madre Elizabeth, “los chicos están condenados a vivir en la miseria y tienen dos opciones de vida: morir o estar presos”. Por eso se pregunta “por qué el gobierno gasta millones de pesos en autos para la policía y ni uno en un lugar para que los chicos no anden todo el día en la calle”.

Brian se había escapado de su casa mientras la madre dormía y se subió con amigos de su edad al auto del padre de uno de ellos. Una travesura tonta: tuvieron que ir a buscar a uno más grande para que lo manejara. Se cruzaron con un patrullero. El que manejaba se asustó. Un policía disparó. La bala le cruzó la cabeza y el futuro.

“Río Negro” visitó a Elizabeth en su casa del barrio San Lorenzo, donde vive rodeada de recuerdos y de afectos familiares. “Los chicos andan ahora como perdidos. Brian era una especie de líder de la manada”, cuenta.

El adolescente, que el 4 de enero cumpliría 15 años, fue asesinado por el oficial subinspector Claudio Salas en la calle Casimiro Gómez al final. El policía confesó ser el autor del disparo, pero dijo que reaccionó ante lo que creyó que era una agresión de parte de los amigos de Brian. Elizabeth lo niega, y asegura que el arma que encontraron en la cupé Fuego del vecino fue plantada.

Ante la pérdida, la mujer aspira a convertir el dolor en proyectos. “No hay lugar para los chicos. Las cosas son inaccesibles, entonces se aburren, andan en las plazas y la policía los corre. No se pueden pagar un gimnasio, una cancha de fútbol 5. No hay espacio para ellos”.

La pobreza “es un dato, y uno se acostumbra a los datos, pierden significado”.

Elizabeth se pregunta: “¿tanto cuesta hacer una plaza con un árbol, un salón con wifi para que los chicos puedan usar las computadoras que les dan en la escuela? ¿Tanto cuesta hacer bajar a los psicólogos que tiene el gobierno encerrados en oficinas para que vengan a charlar con los pibes?”. Por eso quiere reunirse con otros padres y madres del barrio para pensar en soluciones y pedir que llegue la contención a los adolescentes. “No sé si estoy exagerando. Pienso en Brian como un mártir de los chicos del oeste. Es hora de empezar a hacer algo por ellos”.

elizabeth y brian“Acá se permite disparar”

“En Jardines del Rey o en la Plaza de las Banderas, el oficial Salas no habría disparado. Lo hizo en el oeste porque acá se les permite”.

Elizabeth está llena de dolor y de enojo con el policía que mató a su hijo y con otros oficiales que, está convencida, intentaron encubrirlo.

Enumera: rompieron la luneta por la que entró el disparo para borrar rastros, intimidaron a los amigos de Brian para que no declaren en contra de la policía, adujeron que los chicos estaban drogados y “plantaron un arma en el auto para inventar un enfrentamiento”.

La madrugada del 19 de diciembre, cuando buscaba a su hijo de comisaría en comisaría, ningún policía fue capaz de decirle lo que había pasado. “Yo creí que habían chocado”, dice.

“Fue un golpe atrás del otro. Yo pensaba que había sido víctima de la inseguridad, no del que tenía que cuidarlo”.

A Elizabeth le queda un consuelo: “Mi hijo no murió solo como un perro en el fondo del barrio. Se murió en mis brazos, como nació. Eso me llena de paz”.

(La entrevista la hicimos con Laura Loncopan Berti, autora y editora del video, y con Matías Subat. Aquí está la publicación en “Río Negro” con una galería de fotos).

Sapag está feliz

19 diciembre 2012 20:29 6 comentarios

(Video) Policía de Neuquén en acción: otra joya para coleccionar

7 diciembre 2012 16:52 12 comentarios

 

 

La policía de Neuquén nos entrega una nueva joya de su colección “cómo aplicar la violencia a una persona que no está haciendo nada”, esta vez con la inestimable colaboración de la municipalidad de la ciudad capital.

La acción está a partir del minuto 1, mientras en off el director de Coordinación de la municipalidad, Luciano Badano, nos explica que el hombre se resistió y “por razones obvias” se lo llevaron detenido.

Teniendo en cuenta que la persona tenía 2,65 gramos de alcohol en sangre, a lo único que podía resistirse era a mantenerse en pie. Sin embargo, la policía, en una nueva acción de arrojo, de a tres (3) se le tira encima y… lo arroja, al piso.

A mí no me gustan los conductores ebrios, pueden provocar daños irreparables, pero si encuentran a uno llévenlo al médico, no al calabozo y a los golpes.

Y además: si así se comportan a plena luz del día, frente a las cámaras, para un video destinado a su difusión pública, ¿qué no harán dentro de los oscuros pabellones de las cárceles, o en una esquina cualquiera de un barrio donde se topan con los sospechosos de siempre?

La policía que tenemos, la policía que ¿queremos?

31 agosto 2012 8:00 14 comentarios

Escribí estas dos notas que se publican hoy en “Río Negro”. La primera es un intento de abordaje sobre las razones de tantos casos de brutalidad policial en Neuquén. La segunda, más insólita, es un pedido de felicitación de un fiscal neuquino a un policía que hirió a balazos a dos presuntos asaltantes. En fin, es lo que hay.

Un policía persigue a un joven por un supuesto problema con su hijo, le dispara por la espalda y lo mata. Otro policía espera a su ex esposa, también agente, a la salida del trabajo, le dispara y la hiere.

Hay más. Un sargento encabeza un operativo y le dispara a corta distancia a un hombre con los brazos en alto. Resultado: le vuela un ojo. Un oficial ayudante irrumpe en una pelea familiar escopeta en mano y le dispara en la cara a una mujer, que también pierde un ojo. Tres policías reducen a un joven y cuando está boca abajo, uno le dispara un escopetazo en la espalda.

Y así podría seguir la enumeración. Los casos de brutalidad policial se multiplican en Neuquén, por razones personales o en operativos supuestamente de prevención o para hacer eso que se llama “restablecer el orden”.

Las razones son múltiples, pero hay una que está en la matriz. La policía sigue siendo una institución militarizada, verticalista y autoritaria, con una capacitación deficitaria en derechos humanos y respeto por los demás.

“Para la policía es lo más normal del mundo parar a un chico por la calle sólo por su aspecto, revisarle los bolsillos, la mochila, maltratarlo. Creen que proceder así está bien. Y desde la justicia no siempre se ponen límites, tenemos que reconocerlo y hacernos cargo”, dice un juez que ha manejado algunas causas por brutalidad policial.

El nuevo plan de seguridad, que recién empieza a caminar, ya está exhibiendo focos de conflictos que antes no existían. Básicamente, el plan consiste en inundar los barrios de patrulleros. Casi todos los días hay reportes oficiales de que son atacados con piedras. Lo que no se cuenta es la contracara: ¿cuánto maltrato dispensan hacia los jóvenes de esos barrios, convertidos en los sospechosos de siempre?

Cada mañana la policía trata de exhibir los buenos resultados de su plan. Con detallados partes informativos consigna que han recuperado celulares, motos, herramientas y elementos de ese tipo que habían sido robados. Pero no se habla de bandas desarticuladas, ni se sigue el hilo de comercialización de los productos robados, ni se combate del delito más sofisticado. El plan de seguridad, hasta ahora, es un método de control destinado a un sector de la población.

A la escasa capacitación en la resolución de conflictos como no sea mediante el uso de la fuerza, se suman el bajo nivel salarial, la recarga horaria y la escasa libertad para elegir la época de licencias.

Así, los hechos se suceden uno tras otro.

Uno de los últimos, esta semana, fue tragicómico: dos efectivos acudieron a ayudar a un hombre que se había golpeado al caer de su moto.

El hombre estaba alcoholizado, según se informó, y no quiso ayuda. Es más, se resistió a que lo auxiliaran. Mordió a un policía y  le fracturó la mano al otro de un puntapié.

Es preocupante que estos dos agentes no hayan podido controlar de manera no violenta ni siquiera a una persona en ese estado.

¿Cómo terminó la historia? Con los dos policías en el hospital y el hombre, golpeado por la caída de la moto, alcoholizado, que necesitaba auxilio médico y no represivo, encerrado en un calabozo.

Felicitaciones

El fiscal Ignacio Di Maggio le pidió a la Jefatura de Policía que “felicite” a un agente que hirió de bala a dos supuestos asaltantes. Lo hizo mediante un oficio que envió al jefe, Raúl Laserna, el 3 de agosto pasado y que se conoció ayer. El policía fue sobreseído de la acusación de “lesiones graves” el 13 de agosto.

El hecho ocurrió el 12 de julio a las 2:45 en la plaza ubicada en Albardón y Godoy. Allí estaba el agente policial de civil con su novia cuando fueron abordados por un joven y una mujer con fines de robo.

En medio de los forcejeos y según la versión del policía, el joven que lo atacaba a él sacó un destornillador, mientras la mujer le provocó cortes con un cuchillo a su novia.

En esas circunstancias extrajo su arma reglamentaria y disparó contra su agresor, alcanzándolo en la zona inguinal. Luego volvió a disparar y alcanzó a la mujer en el abdomen.

El policía fue detenido acusado de lesiones graves. Al prestar declaración indagatoria aseguró que disparó porque no tuvo otra alternativa, y porque temía por la vida de su novia.

El sobreseimiento dictado por el juez Marcelo Muñoz se basa en la versión del policía y en la de su novia para tener por acreditado que actuó con legítima defensa propia y de terceros. En las 14 carillas de la resolución no figura la versión de las víctimas (sobre las cuales, hasta ese momento, no había ninguna acusación formal), y tampoco hace mención a que se haya comprobado la existencia del destornillador.

Además de pedir el sobreseimiento del agente y de acusar por tentativa de robo agravado a los heridos, el fiscal Di Maggio (quien tomó el caso luego de la feria de invierno) le envió una nota a la Jefatura de Policía en la que señala: “es de mi interés destacar la intervención que le cupo al funcionario en la represión de un delito grave, por lo que corresponde felicitarlo dejando constancia de ello en el legajo personal a sus efectos”.

A su vez el abogado de la Jefatura, Gustavo Lucero, le envió una nota al fiscal del Tribunal Superior, José Gerez, en la que destaca “la actitud calificada y ejemplar” de Di Maggio, ya que “hace a la construcción de la política criminal de un estado de derecho y a la legitimación de los buenos funcionarios policiales”.

Actualización: el gobernador Jorge Sapag se refirió a la primera de estas notas en un discurso ante la Policía el 31 de agosto de 2012. El audio pueden escucharlo aquí (la respuesta empieza a partir del minuto 3).

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